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LOS FUNCIONARIOS NO SON TAN MALOS

Sábado, 12 de Junio de 2010 Juan Ferrer 6 comentarios

200217393-001Desde hace mucho tiempo he venido escuchando numerosos argumentos en contra de los funcionarios: excesiva cantidad, mala calidad en el servicio, ausencia de su puesto de trabajo, poca eficiencia, excesiva burocracia, etc. Y a decir verdad, algo de todo esto he podido experimentarlo en mi propia persona.

Sin embargo, una reciente conversación con un alto funcionario de la administración central me hizo cuestionar, o mejor dicho, matizar, dichos argumentos. A ello se unió un interesante artículo (“Radiografía de los funcionarios en España – El País – 28/5/10) que me ayudó en mi análisis de la situación actual.

Esta persona muy amablemente me preguntó: “Juan, ¿los médicos, policías, bomberos, fiscales y abogados del estado son funcionarios?”. “Sí” le contesté, a lo que siguió con su siguiente pregunta: “y ¿qué piensas de ellos?”. “Pues que entre ellos hay grandes personas y profesionales” le respondí. “Entonces, ¿quiénes son los “malos” de la película? me volvió a preguntar. Reconozco que en ese momento me dejó sin habla. Me acababa de dar cuenta que estaba metiendo en el mismo saco a todos los funcionarios. No era justo.

“Bueno, a quienes realmente critico son aquellos que nos atienden cuando vamos a arreglar algún trámite, pues o no están porque se han ido a desayunar, o parece que tu tiempo no les importa en absoluto” le contesté. “¡Ah, vale!, entonces no todos los funcionarios somos malos. Me estás diciendo que sólo aquellos que te atienden. Pero ¿quiénes realmente? ¿Los funcionarios del grupo A, B o C?”

Recordé cómo muchos amigos que trabajan en la Administración son auténticos profesionales que a muchas empresas les gustaría tener por su conocimiento, esfuerzo e implicación. En ese momento tomé conciencia que el hartazgo y la mala prensa se debía a un reducido grupo de ellos: los que atendían directamente al ciudadano en el trámite de gestiones, o como dicen en su propio argot, los “ventanilleros”.

¿Pero a qué se debe esto? Analicemos algunos datos y creencias que tanto funcionarios como ciudadanos mantienen y que tal vez deberíamos empezar a cuestionar

¿POR QUÉ PARA SIEMPRE?

Nunca entendí por qué un trabajo debía estar asegurado para siempre. Pero en la conversación con este funcionario tuve ocasión de entenderlo: “Juan, ¿te imaginas que no fuéramos fijos? ¿Qué sucedería tras cada cambio de gobierno local, regional o nacional?” De repente, me empecé a imaginar una inmensa ola de despidos y de la consiguiente contratación de afiliados de partidos políticos sin filtro de capacidades ni de conocimientos. ¿Qué decir? Demos gracias por tener gente segura y formada en la Administración.

¿QUIÉNES SON REALMENTE FUNCIONARIOS?

Ahora bien, existe un gran error en pensar que toda persona que trabaja al servicio de la Administración es funcionario. Hace falta distinguir entre “funcionarios de carrera” (son los que acceden por oposición y su plaza es en propiedad, fija, vitalicia y sin posibilidad de despido) que suponen un 60% del personal, “funcionarios interinos” (no tienen plaza a perpetuidad), “personal laboral” y “personal eventual o de confianza” que se rigen por convenios colectivos, y que como todo hijo de vecino, se les puede echar de su trabajo. Con lo cual tenemos un 40% que no tiene un puesto vitalicio, y que tal vez puedan representar el verdadero problema del sobredimensionamiento de la Administración, al haber sido “colocados” por los políticos de turno para generar un voto cautivo.

¿VENTAJAS DE LA EMPRESA PRIVADA?

Varios de los argumentos que se utiliza para justificar la desmotivación de los funcionarios a diferencia de lo existente en la empresa privada, es que en ésta existe la posibilidad de promoción y de incrementar el salario.

Me gustaría saber cuántas personas de este país tienen un aumento de sueldo o se les sube de categoría cada año. La mayoría de las empresas pertenecen al tejido de pequeña y mediana empresa y en gran medida familiar con lo que el personal tiene el mismo sueldo durante muchos años, y tienen un puesto que a menos que se jubile o se marche alguien, no hay posibilidad de ascender. Con lo cual, estamos en las mismas que el mundo funcionarial.

Eso sí, quien se arriesga a irse a otra empresa o a montar la suya propia, tiene el premio de ese mayor sueldo o un mayor cargo.

“HE APROBADO UNA OPOSICIÓN”

Este es el argumento de siempre de los funcionarios. Pues bien, ante ello hay que decir que todos los trabajadores por cuenta propia o ajena tienen que preparar una oposición los 365 días del año durante el resto de su vida laboral. Es la “oposición” de competir diariamente en el mercado, de vender servicios o productos, de estar actualizándose y formándose para que no venga otro y te eche. ¿Acaso esto no es más duro? Y mientras, los que han tenido el mérito de aprobar y tener una plaza, pueden perfectamente acomodarse por el resto de sus días.

¿A QUÉ SE DEBE EL BAJO RENDIMIENTO?

Cuando una persona llega por primera vez a un puesto de trabajo, ya sea en la Administración o en una empresa, lo hace con su “cubo de motivación” lleno. Tiene ganas de trabajar, desea aprender, y sobre todo quiere disfrutar de su trabajo y del ambiente. Pero algo pasa, cuando con los años el funcionario pasa al absentismo emocional, indiferencia a los clientes (el ciudadano), nula implicación y abuso de su posición de trabajador indefinido. ¿Qué ha sucedido por el camino?

Creo que al igual que sucede en la empresa privada, el problema está en la forma de dirigir a las personas. Cuando no hay comunicación, reconocimiento, innovación, participación, motivación, no importa si estás en la Administración o en la empresa privada. Estás muerto, o mejor dicho, te pides una baja o entras en ese absentismo emocional que tanto caracteriza a los lugares “seguros”.

¿Qué pasa en la empresa privada? Pues que encontrándose en este estado, uno se busca otro trabajo. Y es ahí cuando vemos la atadura de la carrera funcionarial. Están mal, pero no quieren cambiar porque tienen algo muy valioso: seguridad. Es algo así, como “no me hundiré en este barco, pero puedo acabar deprimido por no haber cambiado de barco”.

¿QUÉ FALLA?

En mi opinión fallan dos cosas:

1.- No hay formación en saber gestionar personas para obtener su máximo rendimiento e implicación

2.- No hay mecanismos útiles para castigar al mal funcionario, que es realmente quien desanima a sus compañeros y genera esa mala opinión pública si entra en contacto con el ciudadano.

¿QUÉ HABRÍA QUE HACER?

A mi parecer dos cosas.

En primer lugar, decirles a los Sindicatos de funcionarios que hagan menos huelgas por abrocharse el cinturón (que hay mucha gente que se lo están apretando en el paro…) y que sí las hagan para exigir:

-       formación en habilidades directivas de quienes dirigen personas para saber motivar, implicar, escuchar, gestionar y hacer participar al capital humano,

-       la aplicación de la filosofía “premio-castigo” al trabajo bien o mal hecho, pudiéndose expulsar al funcionario de carrera si cometiera faltas graves.

Sin este último punto, llevaremos a la Administración al Comunismo, donde todos somos iguales, o sea los que no dan golpe y los que sí lo dan. ¿Consecuencia? Desánimo, desmotivación, apatía, y sobre todo frustración, haciendo que ese cubo de motivación que tan lleno estuvo al principio, acabe totalmente vacío.

Y en segundo lugar decirles a los políticos que dejen de inflar la Administración para colocar a sus afiliados y favores por medio de los interinos, personal laboral o de confianza.

O así lo hacen o de otra forma los ciudadanos seguiremos pensando que son un cáncer de la sociedad, metiendo en el mismo saco a grandes personas y profesionales que trabajan en la Administración.

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PIB o FIB

Sábado, 12 de Junio de 2010 Juan Ferrer 2 comentarios

PiboFibEsta es la historia de dos desconocidos, o al menos así parece. Hay algunas personas que sí han sabido integrarlos de una forma equilibrada. Pero en general y observando al mundo, parece que se repelen entre sí.

¿Quiénes son? Usted seguro que conoce al primero. PIB es lo que nuestros economistas han llamado el Producto Interior Bruto. Aquellos que son muy amigos de él, buscan que crezca de manera constante, sea como sea, aunque en muchas ocasiones generen grandes desequilibrios que hipotecan nuestro futuro. Es algo voraz, y se caracteriza por el miedo, porque ¿qué va a suceder si hay otra persona, región o nación que tiene más que la mía? Pues que hará lo que yo haría en su lugar: abusar de esa posición para seguir teniendo más y más.

Por otro lado está nuestra tan deseada amiga FIB, es decir, la Felicidad Interior Bruta. Desde que nacemos andamos a su búsqueda. Es curioso, porque muchas veces la tenemos pero no la vemos. Esto se debe a que estamos más pendiente de hacer crecer nuestro particular PIB que a apostar por encontrar a FIB. Ésta se caracteriza por un estado de alegría, gozo y libertad que hace que queramos compartirla. Y por compartirla, ésta crece más y más, no genera desequilibrios y además es contagiosa.

Sin embargo, parece que se repelen. Hay personas y países con un gran PIB pero que carecen de FIB. Cierto es que el primero vive bajo el principio de carencia (necesito más) y el segundo bajo el principio de riqueza (disfruto lo que tengo). Los expertos dicen que si nos hacemos muy amigos de FIB, vas a dejar de consumir, con lo cual el PIB se resentiría. Éste vive de producir, de consumir, de compararte y de trabajar más y más para poder tener más.

Encontramos listas de quién tiene más PIB, pero no más FIB. Así nos va, pues nos encanta imitar, de ahí que idolatremos a aquellos que más riqueza externa tienen, aunque ignoremos los costes de conseguirla.

Y para terminar, si quieren hacer pensar a sus amigos, pregúnteles: “¿cómo va tu PIB? ¿Y tu FIB?”.

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¿QUÉ HACER ANTE LOS OBSTÁCULOS?

Jueves, 13 de Mayo de 2010 Juan Ferrer 2 comentarios

¿Qué nos dice este vídeo?

A menudo nos encontramos con obstáculos en nuestra vida y cuando aparecen hay tres opciones: (1) quejarse y no parar de quejarse, (2) esperar a que otros lo resuelvan (incluso aunque se tengan buenas ideas para solucionarlo) y (3) la más válida, ponerse en marcha para cambiarlo.

Es curioso y simbólico, cómo la persona que toma esta actitud es un niño. Los adultos se quedan en sus coches esperando a que alguien les resuelva el problema, o simplemente, activan su cuerpo y su mente, para quejarse. Pero hacer, no hacen ¡nada!

Considero que es buen reflejo de nuestra sociedad actual y de otras muchas que han existido. Todos anclados en la queja, en el reproche, en la parálisis, esperando que venga otro a resolverles el problema.

Y ante la mínimo dificultad (como por ejemplo la “lluvia”), ale, todos a cubierto y a seguir esperando que una autoridad o un líder les resuelva el asunto.

¿Qué falta para cambiar todo esto? ¿Por qué la gente se queda paralizada unos en la queja y otros en las buenas ideas pero que no las ponen en marcha?

A mi parecer se debe a que faltan dos roles importantísimos: un “impulsor” y un “coordinador”. El primero (simbolizado en el niño), es el que se pone en marcha, el que sin medir las dificultades, da un paso para cambiar las cosas. ¿Por qué un niño? Esta metáfora me dice que un “niño” no tiene memoria de fracasos, es un descubridor, no le han programado todavía para “eso no servirá”, “vas a perder el tiempo”, etc. Él simplemente analiza la situación y ¡EMPIEZA!

¿Y quién cree en él y le acompaña? Otros niños. Seguramente si diéramos el paso, nos encontraremos que hay gente que con poco saltarían al campo a trabajar juntos. Y como pueden ver en el vídeo, se divierten. No saben si lo conseguirán, pero en la acción está su disfrute. ¿Y qué hacen los otros? Enfadados y enfrascados en la parálisis. Menos mal que al final, es tan evidente que todos tienen que remar juntos para salir de la situación.

¿Y cuáles son sus efectos? El trabajo bien hecho, el descubrimiento de una amistad, la satisfacción del cambio y la mejora y el orgullo de “lo conseguimos”.

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SOFISTICACIÓN PARA ESCONDER LA CABEZA

Jueves, 13 de Mayo de 2010 Juan Ferrer 1 comentario

¿Nos suena esta escena? ¿Acaso no la hemos vivido cuando hemos ido a alguna institución pública? Parece que no existimos. También existe en alguna empresa en donde existen los llamados “reinos de taifas”: este es mi terreno y no me importa lo que les sucede a otros. Yo salvo mi trasero, y que cada uno se resuelva su problema.

¿Qué genera esto en las organizaciones? Sin duda, cuando es de cara al público es más frecuente encontrarlo en la administración pública, ya que falta una regla primordial: “acción – consecuencia”: qué importa lo que haga, si no me va a suponer ninguna consecuencia. En cambio en las empresas, tan pronto descubran que se trata mal y se pierden clientes, hay consecuencias. Pero en lo público no. ¿Hasta cuándo?

Lo curioso es que los personajes del vídeo, como cualquier persona, cuando empezaron su trabajo, comenzaron ilusionados, implicados, con ganas de hacer cosas, de cumplir con el trabajo. Pero algo sucedió por el camino. Sencillamente que el entorno, las personas, los jefes, los compañeros o el tipo de trabajo fue agujereando tu “cubo de la motivación” y el resultado es lo que bien refleja el vídeo.

¡Y cuidado si quieres cambiarlo! Tu entorno es demasiado fuerte para permitir que les dejes en evidencia. Es hora del liderazgo, de buscar cómo convencer de que otra actitud es mejor, tanto en tu nivel como a los de arriba. Y si no se puede, tal vez sea la hora de pensar en marcharse. ¿Vale la pena derrochar energía, salud y tiempo en cambiar tu entorno? A lo mejor es más útil canalizar todos esos recursos en otro entorno. Tu eliges.

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¿TODOS LOS PUEBLOS SON ESTÚPIDOS?

Jueves, 13 de Mayo de 2010 Juan Ferrer 4 comentarios

“¿Todos los pueblos somos estúpidos?”, es lo que nos pregunta este cabreadísimo presentador de la televisión brasileña. Y esta reflexión va a colación sobre la famosa frase “tenemos los gobiernos que nos merecemos”. ¿Es cierto ello?

Aquí se habla de “orgía de dinero público”, pero parece ser que es algo común, me atrevería a decir, a todos los pueblos democráticos y no democráticos (estos sin duda son peor, pues nunca se descubre o hay muy graves consecuencias para quienes lo hacen).

Pero ¿saben lo triste?. Pues como dice el enfadado presentador “… y no les va a pasar nada porque este es un pueblo estúpido que no reacciona”. ¿Es realmente estúpido el pueblo?

Recientemente leyendo un artículo en El País de Victor Lapuente Ginés (“La paradoja de la corrupción”), da un espectacular el dato e interesantes reflexiones:

“Por un lado, más del 70% de los alcaldes envueltos en escándalos de corrupción mantuvieron la alcaldía tras las últimas municipales. Por el otro, las encuestas muestran cómo partidos con numerosos dirigentes procesados en algunas autonomías mantienen (o aumentan) su ventaja electoral sobre la oposición.

La causa de que nos encontremos cada vez más hundidos en la paradoja de la corrupción hay que buscarla en la ausencia de tres mecanismos que, en otros países de nuestro entorno, facilitan que los políticos corruptos sean castigados en las urnas…

… Por tanto, si los dirigentes políticos españoles estuvieran realmente interesados en eliminar la corrupción, deberían proponer tres acciones opuestas a las que han estado implementando en los últimos años…

…. burocracia meritocrática impermeable al clientelismo (… Los políticos corruptos sobreviven en sus cargos gracias a que ofrecen bienes particularizados a miembros de redes clientelares, ya sean legales, como puestos en la Administración pública, o ilegales, como tratos de favor en contratos públicos.) , cambio del sistema electoral (… Por una parte, votar a candidatos individuales es mejor que a listas de partido cerradas, porque aumentan los incentivos a comportarse honestamente. Si los votantes te pueden echar a ti directamente, intentarás mantener tu reputación intacta.) y prensa independiente (… En España tenemos una gran pluralidad externa (entre medios de comunicación), pero la pluralidad interna (dentro de cada medio) es limitada.)”

Tal vez esto no nos afecte directamente, pero ¿cuántas cosas se podría hacer con todo ese dinero que se derrocha en lujo y caprichos? Es como si se hubieran tomado en serio la política Keynesiana de que el Poder Público debe impulsar la economía a través de fomentar el consumo a través del derroche de sus políticos corruptos. Seguramente que Keynes no había pensado en este mecanismo de intervención en la economía.

Y aquí dejamos la pregunta del presentador: “¿Hasta cuándo seguiremos así?”

Mientras no haya un sistema de “acción-consencuencia”, se seguirán riendo de nosotros o nos confirmarán que todos somos pueblos estúpidos.

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DIEZ IDEAS PARA UBICARSE EN LA VIDA (Alejandro Rozitchner)

Lunes, 1 de Marzo de 2010 Juan Ferrer Sin comentarios

Alejandro RozitchnerInteresante artículo de Alejandro Rozitchner, titulado “Diez ideas para ubicarse en la vida”. Parte de una hipótesis: “si las personas fueran más sabias y plenas, también serían más útiles en la producción de felicidad colectiva”. Y a continuación desarrolla una serie de planteamientos que posiblemente hagan replantearse los propios a más de uno.

Me atrevo a realizar una síntesis, recomendando su lectura completa:

1.- No es cierto que quien más sabe, más sufre. El conocimiento y la inteligencia muestran su valor en la realidad que producen.

2.- No hace falta estar preocupado todo el tiempo. La preocupación no es sintonía con la realidad. Es incapacidad de tratar con ella.

3.- Aprender a vivir es aprender a soportar lo indefinido. A vivir se aprende. La vida va enseñando, si uno presta atención. Hay que tolerar grandes cantidades de indefinición, de caos, de procesos que suceden según su propio ritmo y no según el ritmo de nuestras necesidades o deseos.

4.- Lo problemático es parte de lo real, y no algo que no debiera existir. Los problemas ocupan y ocuparán siempre su legítimo lugar. El tema es qué hacemos nosotros frente a ellos.

5.- El despelote de nuestras sociedades no es un defecto. Lo propio de una sociedad es ser un núcleo indomable de tensiones cruzadas. Basta de creer que todo está mal todo el tiempo.

6.- Dos planes vitales básicos: sobrevivir o crecer. Sobrevivir: no hacer olas, evitar despelotes, conformarse. Crecer: ir a por más, desplegarse, tomarse en serio la propia sensibilidad.

7.- De las confusiones se sale diciendo qué se quiere. El caos se ordena con el eje del deseo. Ese vector instaura un orden, organiza la experiencia con algún sentido, muestra dónde va cada cosa.

8.- La diferencia debe ser expresada, más que respetada. La diferencia es la forma particular de ser uno, y más que respeto pide fuerza y desarrollo.

9.- Identidad es deseo. La identidad no es el contexto social, la memoria ni la historia. Cada uno está definido por su deseo, por su línea de acción.

10.- Entusiasmo es felicidad cotidiana. El entusiasmo aparece cuando uno instala en su experiencia cotidiana ese eje del querer y del deseo personal.

Como verán, “food for thought” como dirían los ingleses.

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LA SOCIEDAD DEL SANDWICH

Sábado, 12 de Diciembre de 2009 Juan Ferrer 5 comentarios

sandwich copiaObservando esta sociedad podríamos llegar a la conclusión de que es como un sandwich. Es decir, con dos capas, el poder y el pueblo, y en medio, algunos idealistas despiertos.

La primera capa corresponde al poder, tanto político como económico. Este sustrato no quiere que las cosas cambien en absoluto. Pero ya no solo a nivel internacional, sino nacional, regional, insular y hasta local. Si ostentan el poder es por una serie de reglas que para nada querrán que varíen, o si no, propongan sustituir el petróleo como fuente de energía o en lo político, listas abiertas en las elecciones, no más de 8 años en el mismo cargo, doble vuelta para evitar la dictadura de los “partidos bisagra” o hasta incluso demandar, a similitud de los protocolos familiares (donde se exige determinada formación y experiencia para asumir cargos de la empresa familiar), un protocolo “político” que se refleje en una formación (académica, especializada y hasta con idiomas) y una previa experiencia acorde al cargo y al presupuesto que se maneja. Imposible ¿verdad?

Pero vayamos a la otra capa del sándwich, el pueblo ¿Realmente quiere cambiar las cosas? Porque para ello se exige compromiso, esfuerzo y pensar, mucho pensar. Pero no, están dormidos en el fútbol, en la conversación trivial sobre el famoseo, o viendo Gran Hermano como tema principal de sus tertulias, por no decir, la enorme preocupación de seguir la última moda que la televisión y las revistas nos hayan impuesto.

Y entre esas dos capas, hay una finísima de personas de todo ámbito social y cultural que sí quieren cambiar las cosas: desde un político con vocación, hasta un presidente de una asociación de vecinos o cualquier ciudadano que se preocupa de no quedar atrapado en este sueño intencionadamente idiotizante. Pero si por algo se caracterizan es por el desánimo, pues las cosas o no cambian o lo hacen muy lento.

¿Cómo deshacer este “sandwich”? Una roca se puede romper de dos formas: por el continuo golpe de una gota, o mediante una explosión. A lo largo de la historia hemos visto que determinados eventos como corrupción, catástrofes, hartazgo o vergüenza social, han generado cambios radicales. Pero también el silencioso esfuerzo de mucha gente que “gota a gota” han logrado hacer una mejor sociedad, a pesar de estar entre dos capas muy gruesas que por un lado lo impiden, y por otro no lo valoran ni lo buscan.

¿Qué hacer? ¿Tirar la toalla? Creo que aquí tenemos que imitar a los pintores: no pintar para que te compren, sino porque si no pintaras, sería el comienzo de una muerte anunciada

Y tu, ¿a qué capa perteneces?

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OBSERVAS O ACTUAS

Sábado, 7 de Noviembre de 2009 Juan Ferrer 2 comentarios

observas o actuas¿Cuánto tiempo pasamos quejándonos? ¿Cuántas discusiones son acerca de lo mal que está el mundo en general, y más nuestro propio micro mundo?

Desde hace un tiempo me he negado a escuchar conversaciones terapéuticas, ésas que son un río de lamentos sobre política, educación, valores, etc. En cuanto mi sentido auditivo escucha más de dos quejas seguidas, automáticamente intervengo y propongo: “Oye ¿por qué no hablamos de propuestas de cómo mejorar todo ello?”. Y es divertido ver la cara de la gente como diciendo: “¡Pero si no se puede hacer nada!”.

Tal vez la pregunta esté mal hecha. Debería ser más concreta, como por ejemplo: “Y en tu pequeño mundo ¿qué podrías hacer para cambiar algo?”. Posiblemente el gran argumento es que no hay tiempo, que el día a día nos absorbe, y que además ¿para qué?, si al final será un derroche de energía y no podremos cambiar nada.

¿Es un buen ejemplo para generaciones futuras este tipo de actitud? ¿Por qué preferimos observar que actuar? Sin duda estamos en una sociedad acomodada, sin enemigos políticos o extranjeros que estimulen a la acción. Es como una droga que nos tiene adormecidos, viendo escándalos, abusos, inoperancia, etc. Pero ahí me quedo, tranquilito, quejándome y quejándome.

Sin embargo, hay gente que en su tiempo libre lo dedica a alguna ONG, o que a pesar de tener tres hijos está con un proyecto de montar una “Escuela de Padres”, o un alto directivo que con su familia de vez en cuando visita alguna Obra Social para que sus hijos no pierdan la perspectiva de dónde están, de lo afortunados que son y de la ética de ayudar a los demás.

Además, quien decide actuar se siente vivo, aprende, conoce personas interesantes, tanto idealistas como pragmáticas. Actuar supone levantarse con un reto, con un ideal, con ganas de hacer, de cambiar y de avanzar.

Creo que una sociedad que no tiene pasión, que es mera observadora de su inoperancia, es una sociedad muerta. En cambio aquella sociedad que es ambiciosa, rebelde, vibrante y sobre todo solidaria, es generadora de oportunidades.

Y ¿saben cuál es el secreto? Disfrutar en la acción y no con los resultados. Es jugar un partido no para ganarlo (que también) sino para disfrutar del juego o sencillamente para ser coherente con nuestros valores. Eso sí, poniéndose y alcanzando pequeñas metas, iremos retroalimentando la ilusión.

¿Por qué no empezamos a actuar?

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